Para mí el cliente,
no es sólo un cliente.
Es un “amico”.

Alberto Burroni – Fundador de L’Etrusco.

L’Etrusco: desde 1987

Torniella, Provenza italiana, principios de los años ochenta. Por aquel entonces, Alberto Burroni ya tenía en mente exportar el sabor de una de las culturas latinas más ricas, fuera de sus fronteras. Con ilusión, creatividad y siempre de la mano de sus raíces, Burroni, tuvo la certeza de que Castellón debía tener la suerte de conocer otra de las cocinas nacidas a fuego lento y regadas también por el Mar Mediterráneo.

En 1987 su sueño se hace realidad y comienza una andadura férrea y exitosa en la capital de la Plana, con los años, su carácter latino: abierto, decidido y alegre ha abierto la puerta a un gran número de clientes que mantienen a L’Etrusco, generación tras generación, como su segunda casa.

Por ello, en el restaurante, cada cliente es un amico con el que se entabla una relación de confianza desde el mismo momento en que las manos de Alberto comienzan a encender su horno de leña, y es que tal y como dice Darle confianza desde el mismo momento en que entra por nuestra puerta y que no se sientan engañados ni en producto ni en calidad son las bases para que ese amico vuelva y no se canse de degustar las creaciones que L’Etrusco ofrece.

Hace más de 25 años, Alberto Burroni tuvo el sueño de crear el primer restaurante italiano en la ciudad de Castellón al que llamó L’Etrusco, en honor a la mística y sabia cultura previa al Imperio Romano en Italia, Los Etruscos.

Con la cultura del buen comer y del buen hacer italiano, L’Etrusco introdujo por primera vez en Castellón, la gran variedad y el gran abanico de posibilidades exquisitas que la gastronomía italiana atesora. Nuestra experiencia nos ha demostrado que la fidelidad de los castellonenses y su gran empatía por este peculiar sueño italiano, ha creado una insólita cultura y afición a la gastronomía italiana sin precedentes.

Alberto dice muchas veces que ha visto a muchas familias crecer desde los primeros años de vida de L’Etrusco: niños que acudían al restaurante con sus padres y que ahora, después de todos estos años acuden con sus hijos. Y se dice pronto, pero la llama del histórico horno de L’Etrusco, cumplió en 2012 un cuarto de siglo (25años).